Meditación y Reiki

Meditacion y ReikiMeditar, en el significado común y popular, significa pensar en algo concreto, a fin de comprender un significado con profundidad. En el mundo occidental, meditar significa concentrarse en un pensamiento, en una palabra, o en una situación, descartando taxativamente cualquier otra reflexión, con el objetivo de llegar a un estado alterado de conciencia.

La meditación es una aventura; la mayor aventura que la mente humana puede alcanzar. Los adolescentes acostumbran fascinarse con la sexualidad; los más viejos, con el dinero y los bienes materiales pero, con el tiempo, descubren que todo eso no les proporciona la felicidad plena, y comienzan a buscarla en la espiritualidad. La meditación no es una fuga de los problemas económicos y sociales: debe ser sinónimo de alegría para todos, nunca de cansancio ni aburrimiento.

La meditación hace que nuestro ser se encuentre en armonía con el universo.

Esos resultados pueden obtenerse a través de numerosas técnicas, algunas de origen occidental.

En la tradición oriental, meditación significa no hacer nada, para llegar a un estado de perfecta paz interior, a un estado especial en el que la mente se encuentra ausente, silenciosa. Una situación en la que se experimenta una indescriptible sensación de paz y felicidad profundas.

El estado meditativo es muy personal, y ocurre en cada uno de nosotros de manera única, resultando difícil a veces intentar una descripción de lo ocurrido.

Con la meditación nos sentiremos más tranquilos, más conscientes, dormiremos mejor, nos cansaremos menos, y nuestra aura comenzará a vibrar de una manera más armónica, reflejando un crecimiento espiritual, en una manera más fácil y distinta de relacionarnos con nuestros semejantes, elevaremos nuestro nivel inmunológico, haciendo que las células del cuerpo trabajen de manera uniforme y equilibrada.

El Reiki puede ser un camino para realizar meditación profunda.

Al accionar el Reiki después de las meditaciones, sentiremos una diferencia significativa por encontrarnos más próximos y en contacto más estrecho con el universo y, por lo tanto, con la energía universal.

La meditación presupone una serie de cosas que son comunes a todos los métodos. La primera norma para meditar es un cuerpo relajado, sin controlar la mente y sin concentrarse.

Los ojos deben permanecer cerrados, pues el 85% de nuestro contacto con el exterior se hace a través de los ojos. Es preferible encontrar una posición cómoda que tener que cambiarla durante el proceso. La segunda es limitarse a observar la mente, un pensamiento, como si fuese una película en la que solamente somos observadores, sin interferir, sea lo que fuese.

Observar la mente, sin juicio alguno y sin critica.

La meditación es el simple existir sin hacer nada, sin acción, sin pensamiento, sin emoción, en ausencia de crítica y juicio; y, lentamente, se posesionará de nosotros un profundo silencio.

Esos son los tres puntos principales: relajamiento, observación y ausencia de crítica.

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