Sanar el estrés con Reiki

Reiki UrbanoEl estrés es un mecanismo para la supervivencia, una respuesta natural de nuestro cuerpo para afrontar el peligro.

Cuando se produce alguna situación que consideramos amenazante, el organismo reacciona desactivando algunas tareas y activando otras y liberando en el torrente sanguíneo una gran cantidad de hormonas como el cortisol y la adrenalina.

Esto genera un estado de alerta máxima: los músculos se tensan preparándose para la huida o para la lucha y la atención se focaliza al máximo sobre lo que está sucediendo.

Otras veces, el estrés se da porque no somos capaces de establecer límites y nos sobrecargamos de trabajo, actividades, compromisos. Sea cual sea la causa, cuando esta respuesta natural se da en exceso, nuestra vida cotidiana puede convertirse en una pesadilla.

Para ello es necesario un proceso de apertura y es, en este sentido, que REIKI nos puede ayudar, porque es una terapia energética que corrige los desequilibrios en todos los ámbitos de la persona, creando un estado de no tensión desde el cual es posible comprender y gestionar mejor nuestras emociones y propiciar una apertura mental que va a transformar nuestra percepción de la realidad.

La terapia de REIKI ofrece los siguientes beneficios:
  • A corto plazo: alivia los síntomas psicológicos (nerviosismo, ansiedad, depresión) y físicos (tensión muscular, migrañas, mareos) que acompañan al estrés.
  • A medio plazo: eleva el nivel vibratorio del cuerpo de energía, haciendo que el organismo tenga más poder de sanarse a sí mismo. A nivel mental, la persona se va liberando de los límites que le están condicionando a la hora de percibir la realidad. Esto genera un cambio de actitud y de respuesta frente a las situaciones que generaban el estrés.
  • A largo plazo: Reiki trabaja clarificando las causas que han dado lugar al exceso de estrés, haciendo que la persona las comprenda, las acepte y pueda transmutarlas. De esta forma, esas situaciones que antes nos causaban sufrimiento dejarán de afectarnos y comprobaremos que, curiosamente, empiezan a desaparecer de nuestras vidas.